Ejercicio 1
Encontrar a quien fuiste
Una meditación breve
inhala...
Ponte cómoda o cómodo, en un lugar donde nadie te interrumpa. Cierra los ojos.
Lleva tu atención al pecho... y respira profundamente, como si el aire entrara directamente a ese espacio. Hazlo tres veces más.
Ahora imagina que frente a ti hay una puerta. Acércate lentamente. Cuando te sientas preparado o preparada, ábrela... y al cruzarla, vas a encontrar esa parte de ti que lleva tiempo esperando.
Hay una niña o un niño que se parece mucho a ti. Obsérvalo: cómo se ve, con quién está, qué ropa lleva puesta, qué hace, si está feliz o triste. Míralo en detalle.
Pregúntale: ¿cómo estás? ¿Dónde están tus padres? ¿Quieres jugar? ¿Qué quieres hacer? Espera la respuesta, venga como venga... una palabra, una imagen, o nada en absoluto. Todo eso cuenta.
Busca conectar con él o ella, hablando, jugando o imaginando que comen algo que ambos disfrutan.
Ahora dile lo que sea que te gustaría decirle. Puede ser una disculpa, un permiso, una promesa, o lo que sea que te nazca en ese momento. Dilo con consciencia y profundidad, como si cada palabra tuviera que quedarse con ella o él, para siempre.
Y cuando ambos se sientan cómodos y tranquilos, pregúntale si puedes abrazarlo o abrazarla... y disfruta ese instante. Conecta profundamente con ese momento y rodéate de una sensación de amor puro e incondicional.
Despídete con una amorosa sonrisa, sabiendo que ahora siempre van a estar el uno para el otro. Dirígete lentamente a la puerta y, cuando lo consideres preciso, cruza nuevamente hacia este lado.
Quédate con todas esas sensaciones bonitas de paz y ternura... grábatelas en tu memoria. Pon tus manos en el pecho, en símbolo de que las estás guardando ahí, para cuando necesites recordarlas.
Y ahora, cuando te sientas listo o lista, vuelve a respirar profundamente. Comienza a mover lentamente tus manos, tus pies... y cuando quieras, abre lentamente los ojos.
Ejercicio 2
La carta de ida y vuelta
Le escribes tú, y después le respondes como si fueras el niño
Esta es una versión breve de un ejercicio que se usa en terapia para dialogar con distintas partes de uno mismo: primero escribes desde quien eres hoy, y luego te colocas en el lugar de quien fuiste para responder. Ese cambio de voz suele hacer que te sea más fácil decir lo que de verdad sientes.
Si quieres, escribe con la mano contraria a la que usas normalmente. No es obligatorio, pero suele funcionar bien para fluir con más honestidad.
Parte 1 · tú, hoy
Escribe como la persona adulta que eres ahora... alguien que ya sobrevivió, que ya tiene recursos y palabras que entonces no tenía. Dile lo que hubieras querido que alguien le dijera.
no hay nada que corregir aquí.
Parte 2 · respondiendo como el niño
Ahora cambia de lugar. Deja que hable la parte de ti que en su momento no pudo... sin filtro, sin que tenga que sonar bonito, maduro o coherente. Puede salir enojo, puede salir tristeza, puede salir algo que no esperabas.
deja que sea sincero, no bonito.
Si quieres, vuelve a leer las dos cartas antes de soltarlas... y nota qué se siente distinto entre escribir desde un lugar y desde el otro. Eso también es información.
Ejercicio 3
Tres preguntas honestas
Regálate unos minutos de calma...
Elige una pregunta, o respóndelas en el orden que quieras. No hay prisa ni una forma correcta de hacerlo.
Pregunta 1
De niña o niño, cuando estaba triste, ¿qué hacía... y a quién se lo mostraba?
tómate tu tiempo. no hay respuesta correcta.
Pregunta 2
¿Qué necesitaba escuchar en ese entonces y nadie me lo dijo? ¿Puedo decírmelo yo ahora?
tómate tu tiempo. no hay respuesta correcta.
Pregunta 3
Esa necesidad que quedó sin cubrir, ¿cómo se sigue mostrando hoy, y qué podría darle esta semana?
tómate tu tiempo. no hay respuesta correcta.
Hay partes de ti que no necesitan ser corregidas, sino finalmente escuchadas.
Gracias por llegar hasta aquí.